Joe Biden, la ficha que escogió Barack Obama como compañero de fórmula para su batalla por la Casa Blanca, y quien el miércoles cerró con un emotivo discurso el tercer día de la Convención Nacional Demócrata, es un viejo conocedor de la problemática colombiana.
Biden, que visitó Colombia por última vez en el año 2000, es considerado un político con credenciales muy liberales y de estrechos nexos con las ONG y grupos sindicales.
De hecho, según un conteo que le llevan los republicanos, el 94 por ciento de sus votos en el Senado han sido por iniciativas de este estilo, lo que lo convierte, dicen, en el quinto senador más liberal de todo la Cámara Alta.
El hoy presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales del Senado, a donde llegó en representación de Delaware, fue uno de los más firmes proponentes del Pan Colombia cuando este comenzó a tomar forma en 1999. "Lo que está en juego es si Colombia se convierte en un narcoestado o no", dijo en su momento, cuando el Plan se debatía y algunos en su propio partido se oponían por temor a una "vietnamización del país" y las acusaciones que circulaban contra el
Ejército por sus vínculos con los grupos paramilitares. A lo largo de los años, no obstante, su posición se ha venido endureciendo: No solo ha cuestionado los resultados del Plan y criticado el desempeño del gobierno colombiano en materia de Derechos Humanos sino que, como Obama, se opone a la ratificación del Tratado de Libre Comercio que firmaron ambos países en el 2006.
En el 2002, por ejemplo, cuestionó -y con fuertes palabras- la certificación en Derechos Humanos que hizo el departamento de Estado y que se exigía para la entregar de algunos recursos militares. Alegó que los militares seguían ignorando la violencia paramilitar y advirtió que el apoyo del Congreso y de su país se estaba erosionando.
En el 2003 fue coautor de una carta al presidente Álvaro Uribe en la que lo criticaban por haber catalogado a los defensores de Derechos Humanos como portavoces de la guerrilla y, en el 2005, otra ?ésta, junto a Obama- en la que cuestionaban la Ley de Justicia y Paz, que por esos días se estaba gestionado.
Biden no ha cambiado su posición de que ayudar a Colombia permitiría "poner bajo un reflector", a las fuerzas armadas del país y estimularía un mayor respeto por los Derechos Humanos.
En repetidas oportunidades ha dejado claro su opinión de que, si bien E.U. tiene una obligación en la lucha contra las drogas, la guerra contra los grupos irregulares es un asunto colombiano.
Hacia el 2007, cuando ya los demócratas habían ganado las mayorías en el Congreso, Biden escribió una misiva a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, en la que le pedía cambiar el énfasis de la ayuda a Colombia por uno que favoreciera más la ayuda social que la militar.
El actual paquete de asistencia que se le entrega al país, de unos 500 millones de dólares anuales, refleja este cambio de dirección.
SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON
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