Julio 5 de 2008
32 nuevas caras en sus casas encontraron los 15 liberados por la 'Operación Jaque'
Les nacieron tres hijos y 29 sobrinos. Íngrid perdió a su padre. Tres papás, dos mamás, dos abuelos, dos hermanos, siete tíos y un sobrino de los uniformados rescatados murieron sin verlos de regreso.
Estas son las historias de cómo cambiaron las familias con el cautiverio
Castellanos vio a Britney
Ocho años tuvo que esperar el intendente de la Policía Armando Castellanos para ver frente a frente a su hija Britney, que nació en Ibagué cuando él llevaba siete meses en cautiverio. En una carta pidió que la registraran con el nombre de la cantante de pop.
Ahora ella juega con sus primos, sobrinos que el intendente no conocía: Maicol, Gisell, Catalina, Valentina, Harold y Jaime. En este tiempo, la familia tuvo una gran pérdida: el hijo de su hermano mayor, de apenas seis años, murió tras una hepatitis en Cali.
Rodríguez: otros 4 sobrinos
El teniente de la Policía Vaney Javier Rodríguez perdió a su abuelita, Alicia Rodríguez, tan solo 17 días después del secuestro.
"Falleció de 90 años, por la preocupación que le causó el secuestro del nieto", dice Lucila Porras, mamá del rescatado.
La tía Saturia Rodríguez falleció en marzo del 2000 en un accidente de tránsito. Y su hermanastro Luis Hernando Porras, de 60 años, también murió. A cuatro sobrinos no los conocía: María Paula, Juan José, Santiago y un bebé de seis meses.
Buitrago conoció a su hija
El sargento de la Policía Julio César Buitrago perdió a su mamá, Amparo Buitrago, y a cuatro de sus tíos: Amparo, Rafael, María y José Buitrago. Todos por enfermedades.
"De la única muerte que se enteró durante el secuestro fue de la de mi mamá", contó Amparo Chavarro, hermana del suboficial.
Su gran alegría fue conocer a su hija. El mismo día del secuestro, 16 de noviembre de 1999 en La Arada (Tolima), nació en Neiva Íngrid Lorena. La niña, de 9 años, es la menor de tres pequeñas.
Farc mataron a tío de Flórez
En cautiverio, el cabo primero del Ejército Amaón Flórez Pantoja supo que su tío Fidencio Pantoja había muerto, pero no que había sido un homicidio y mucho menos que lo habrían matado las Farc.
Eso fue hace siete años, cuando Pantoja desapareció en Puerto Asís (Putumayo) y luego le avisaron a su familia que recogieran el cadáver en un paraje. Aunque los allegados dicen que lo mataron los guerrilleros, la investigación nunca arrancó.
Pero también hay buenas nuevas. Lo esperan cuatro sobrinos: Carol Gabriela, la hija que llevaba en el vientre su hermana María Fernanda cuando a él lo secuestraron. Laura, de 9 años, y José Luis, de 3, los hijos de su otra hermana, Deyra; y Karen, la hija de su hermano José.
Cáncer mató a tía de Bermeo
Durante el secuestro del teniente del Ejército Juan Carlos Bermeo Covaleda murió una tía que estaba enferma de cáncer. En esos años su hermana María Angélica se casó y su sobrina ya tiene 11 años.
"Todo eso se lo hemos contado a Juan Carlos por radio, ahora lo único que queremos es abrazarlo y decirle que lo amamos", dijeron sus familiares en el aeropuerto de Neiva. En la casa de los Bermeo, en Pitalito, lo esperan su padre, Ascencio Bermeo, de 57 años, y sus dos hermanas, Patricia y María Angélica, todos ansiosos por recuperar los diez años que el secuestro les robó, desde el 3 de agosto de 1998, cuando las Farc arrasaron la base de Miraflores (Guaviare).
Pérez, sin papá ni abuelo
Anselmo Medina, el abuelo del cabo primero del Ejército William Humberto Pérez, murió el pasado jueves de un paro cardiaco tras conocer la noticia de la liberación de su nieto. Lo más trágico es que el papá del militar, Pedro Pérez, había fallecido el 20 de mayo en un hospital de Barranquilla, un día antes de que William cumpliera 36 años.
Tan solo 42 días lo separaron de reencontrarse con el mayor de sus seis hijos, el enfermero que le salvó la vida a Íngrid Betancourt. Don Pedro no hizo más que trabajar por la liberación de su hijo e, incluso, al presidente Uribe le pidió que facilitara el despeje de Florida y Pradera para el acuerdo humanitario. Una de las últimas cosas que le dijo a su familia era que quería que William supiera que hizo todo lo posible por verlo libre.
Romero: un hijo que no conocía
Erasmo Romero, papá del sargento segundo del Ejército Erasmo Romero Rodríguez, murió el primero de agosto del 2001 en el Hospital Militar de Bogotá, tres años después del secuestro de su hijo en la toma de Miraflores (Guaviare). Al día siguiente de la muerte de su padre, sus familiares le dijeron la mala nueva por radio.
Su padre era agricultor y falleció de 62 años por una infección renal que padecía hacía varios años, pero que comenzó a agravarse después del cautiverio del hijo. El secuestro de su hijo también le causó depresión.
En el tiempo de cautiverio nació su hijo Julián Andrés, quien hoy tiene nueve años y estudia tercero de primaria. También hay cinco sobrinos y su hija mayor, Jessica Andrea, tiene hoy 11 años.
Durán encontró a un hijo de 10 años
Cuando las Farc secuestraron al sargento de la Policía John Jairo Durán Tuay, en Miraflores (Guaviare), su hijo tan solo tenía 10 meses. Esta semana encontró un niño sano, grande y correlón de 10 años.
"A pesar de las cadenas, a través de fotos estuve pendiente de los cambios que registraba cuando iba creciendo. Y mi suegra, Myriam Turreago, me contaba que preguntaba mucho por mí, que veía mis fotos y las abrazaba", recuerda el suboficial. Además, el niño le envió cartas que firmó como 'Tu Osito'.
En su cautiverio nacieron los sobrinos Michel, de nueve años y Sebastián Camacho, de tres. Hasta ahora los conoció personalmente. Sabía que existían a través de mensajes por emisoras de radio pero no los había visto ni siquiera en fotos.
Murió madre de Malagón
Con la voz entrecortada, entre la risa y el llanto, Efraín Malagón agradeció a Dios la oportunidad de poder volver a ver su hijo, el subteniente del Ejército Raimundo Malagón, después de diez años.
"Mi esposa murió al mes del secuestro de Raimundo. La pena moral la llevó a la tumba; afortunadamente pude resistir estos diez años de sufrimiento y de penas amargas para poderle contar a ella, cuando nos toque, que su hijo es libre", dice el anciano, de 78 años.
Los ochos hermanos esperan al militar. Natividad Malagón, hermana de 'Rai', como cariñosamente lo llaman, aseguró que desde ahora va a tratar de recuperar el tiempo y de sanar las heridas que les causó el secuestro.
El padre de Marulanda se agravó al verlo en una jaula
Cuando el sargento del Ejército José Ricardo Marulanda Valencia regrese a su casa materna en Chinchiná (Caldas) enfrentará el vacío dejado por las muertes de su padre y dos hermanos, pero también hallará las risas de cuatro nuevos sobrinos.
Su padre, José Guillermo Marulanda Buitrago, murió el 16 de noviembre de 2000, a los 68 años. No pudo superar sus dolencias cardíacas, pero lo que lo minó más fue el secuestro de su hijo.
"Cuando mi papá vio a los policías y a los soldados secuestrados por las Farc, en esas jaulas rodeadas de alambres en medio de la selva, se sintió muy mal. Encendió una veladora y comenzó a orarle a la Virgen de Fátima", recuerda Esperanza, la mayor de las hermanas del sargento.
Jorge Alberto y Rigoberto, sus hermanos mayores, fueron asesinados en un lapso de año y medio. Al primero, quien asumió la vocería de su familia ante los medios de comunicación y le mandaba mensajes por la radio, lo mataron en Manizales el 21 de diciembre del 2006. Jorge Alberto se había retirado de la policía hacía tres años. La familia no sabe aún los móviles del crimen.
Rigoberto fue asesinado cuando estaba en frente de su casa, el 27 de abril de 2005. Su madre y Esperanza le achacan su muerte a problemas personales.
La otra cara de la moneda la vivió con el recibimiento de su hijo Brian José, a quien vio por última vez cuando tenía 3 años. Ahora es un adolescente de 13 años.
Sus dos hermanas menores, María Eugenia y Diana, le presentarán a los cuatro hijos que engendraron mientras él se perdía en la manigua: Luis Felipe, de 6 años, y los mellizos Samuel y Daniel, de 23 meses, hijos de la primera, y Tomás, de 3 años.
Fernando Umaña Mejía
Arteaga: cuatro sobrinos más
El cabo primero del Ejército José Miguel Arteaga perdió hace cuatro años a su tío Jairo Lozano. Cuando le contaron, el jueves pasado, preguntó a su sobrina Paola Callejas por qué no le habían informado por radio y le contestaron que prefirieron no darle malas noticias, aunque se tratara de un tío lejano. Cuando la guerrilla lo secuestró en los combates de El Billar (Caquetá, en marzo de 1998) tenía cuatro sobrinos de 18, 13 y dos de 5 años; ahora hay cuatro sobrinos más: Diana Pinto, de 9 años, Alex Pinto, de 5; Emily Santos, de 3 y Valerya Rodríguez, de 2 años.
"El conocía las voces de algunos niños, como Alex, porque cuando empezó a hablar lo llevamos a las emisoras para enviar mensajes", cuenta Callejas, a quien José Miguel no reconoció porque la última vez que la vio tenía 13 años.
Consejos para ayudar en el reencuentro
Los explica Julieta Aristizábal, miembro del equipo de psicólogas del Fondo Nacional para la Defensa de la Libertad Personal. entrega seis consejos para ayudar en la reintregación de los rescatados a sus hogares:
- Preguntarles una y otra vez por el rescate, porque les permite ser conscientes de su libertad.
- Que cuenten sus experiencias, pero sin interrogarlos sobre lo que no quieran contar.
- Ser pacientes y no acelerar la integración de la familia.
- Un secuestrado puede tener hasta 150 comportamientos distintos al volver a la libertad.
- Los familiares deben asesorarse para manejar las diferentes reacciones.
- Para dejar atrás la sensación de abandono, hay que mostrarles fotos y videos de eventos realizados para exigir su libertad. También entregarles registros de sucesos familiares que les permitan asimilar lo que pasó durante su ausencia.
- Mucho afecto. Ofrecerles constantemente besos, abrazos y caricias, pero sin obligarlos a recibirlos.
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